¿Por qué somos tan “solidarios” en Navidad?

Seguramente por no ser capaces de asumir el dolor que nos supone no serlo el resto del año. Si eres una persona muy de costumbres navideñas, me veo en la responsabilidad de invitarte a no seguir leyendo este artículo. No quiero “amargarte la Navidad “.

“La solidaridad corre por tus venas”, escuchaba ayer en un anuncio en la radio. Siendo así, me pregunto por qué el ser humano temporaliza su “solidaridad” para una época tan corta del año como es la navidad. ¿Seríamos capaces de asumir el dolor de ver sufrir al prójimo los 365 días del año sin actuar? No asumir ese dolor, hace que durante esta época reforcemos nuestra coraza para aportar nuestra “caridad temporal”, sin asumir el compromiso real que el mundo necesita por nuestra parte para mirar al prójimo como un igual independientemente de su condición social.

Si llegado este punto  sigues leyendo este artículo, te reitero mis disculpas de tener que exponer este “feo mensaje” en una época “tan bonita” como esta. O quizás no. Asumir el dolor personal de ser conscientes que estamos dando la espalda a nuestro prójimo sea, quizás, lo que verdaderamente necesitamos para comenzar a actuar de “otra manera”.

La humanidad está por hacer. Tenemos mucha técnica y muy poca sabiduría. El mundo en que vivimos se ha desarrollado enormemente en aspectos técnicos en los dos últimos siglos. La llamada “Revolución industrial” y la contemporánea “Revolución tecnológica” son muestras clarividentes de ello. Pero, ¿dónde queda el desarrollo humano?

Las directrices marcadas o caminos a seguir en cuanto a educación se refiere para un futuro próximo parecen ser muy poco esperanzadores en cuanto a desarrollo humano ligado a la educación se refiere, y explico por qué.

Hace más de 250 años, en la conocida época como “Despotismo ilustrado”, fue donde se creó el concepto de educación pública, gratuita y obligatoria. Aquellos “déspotas”, sumidos en una época de innumerables guerras, pesaron que la mejor manera de tener “controlado” a su pueblo era a través de un sistema educativo que transmitiera el mensaje que, según ellos, el pueblo debería saber. ¿Os suena?.  Unos años más tarde, en plena “Revolución industrial”, una serie de empresarios, entre los que destacan Henry Ford o JPMorgan, necesitados de mano de obra para sus empresas, fomentan este sistema educativo asegurándose así un modelo de ciudadano capaz de formar parte de sus cadenas de montaje. Por increíble que te parezca, este sistema “tradicional” es el que sigue imperando a día de hoy.

Hoy en día, los Henry Ford o JPMorgan de la época, son los CEO de Google o LinkedIn, entre otros. Ellos son los que hoy dictan y marcan las directrices a seguir en los programas educativos del futuro. Siendo así, me pregunto si la máxima preocupación de la futura educación para la sociedad actual, sigue siendo darle máxima importancia a la creación de un modelo de ciudadano destinado únicamente o, mayoritariamente, al mercado laboral. Siendo así, es la especie humana la única especie que habita este planeta que va en contra de las directrices que dictan las leyes de su proceso evolutivo natural.

La educación no puede ser considerada únicamente como una disciplina destinada a una salida laboral. Si queremos ciudadanos solidarios comprometidos los 12 meses del año, la educación debe trabajar por la libertad de pensamiento de sus ciudadanos, por crear seres magistrales en el arte de vivir.

Gracias por haber compartido tantas reflexiones educativas a lo largo de este 2017. Aprovecho para desearte que pases unas felices fiestas. Nos volveremos a encontrar en 2018.

Recibe un fuerte abrazo por mi parte.

 

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