Archivos de la categoría Sobre educación

¿Por qué tus hijos deben tener la mejor educación cuando muchos niños no saben lo que es una escuela?

¿Por qué te planteas hoy ofrecer a tus hijos una educación “diferente”? ¿Por qué no lo pensaste antes? ¿El motivo que te ha llevado a buscar “otras formas de educar” son tus hijos o tu responsabilidad con la humanidad?

Si estás leyendo este artículo, muy probablemente estés interesad@ en esto que llaman la “educación alternativa” u otras maneras de educar, con sus variedad de metodologías educativas; si estás leyendo este artículo, será muy probablemente por estos dos motivos: Uno, porque acabas de ser madre o padre, o lo vas a ser pronto y quieres una educación diferente para tus hijos; y dos, porque eres consciente de que es únicamente a través de la educación la manera de construir una sociedad diferente siendo responsable con la humanidad. Sí, seguramente ahora estés pensando que ambas cosas, pero seamos sinceros, algo me dice que la primera opción es la mayoritaria.

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Ni vallas, ni muros, ni más presencia policial. Si existe una solución, se llama educación.

Existe un antiguo dicho castellano que, con algunas variantes, dice que “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. La idea del dicho o refrán es, que debemos aprender de los males que sufren los demás para no caer en los mismos errores y sufrir idénticas consecuencias.

Occidente sufre  el horror del que, desde hace ya algunos años, están sufriendo cientos de miles de personas. Lo vemos y sentimos cada vez más cerca, de ahí que estemos empezando a actuar. Lo vimos venir y no hicimos nada; ahora lo tenemos encima y la decisión tomada parece haber sido la de blindarse ante el horror. En vez de analizar y poner remedio sobre las raíces del problema, hacemos lo de siempre, parchear el problema y “a ver qué pasa”. No estamos siendo responsables. Ni lo fuimos, ni lo somos hoy. Occidente de espaldas al mundo, y lo que es peor, de espaldas a su propia realidad.

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“Este niño es bueno, obedece bastante”. La falsa creencia adulta de relacionar obediencia con bondad.

“Este niño es bueno, obedece bastante”. ¿Cuántas veces escuchamos ésta frase en nuestro día a día? Pero, ¿qué es realmente obedecer? Y, sobre todo ¿por qué obedecemos? Los adultos confundimos constantemente obediencia con bondad, fruto de haber sido educados en una rígida disciplina con base en el miedo. Esto es algo que el adulto tiene que transformar si quiere convertirse en un verdadero educador, como tantas otras cosas.

Hemos construido una sociedad que valora la quietud de un niño, o que cataloga como “niño bueno” al que está quieto y callado, y como “niño malo” al que habla y se mueve. Hemos adquirido como naturales conductas antinaturales para nuestra especie como que un niño esté quieto y callado durante un largo periodo de tiempo, cuanto más mejor, que no moleste mucho. Así somos, y así nos va.

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No insistas. Tu hijo no va a aprender nada para lo que todavía no esté preparado.

Fíjense que curioso. Los seres humanos sabemos que un pájaro enjaulado no tiene libertad para volar; o sabemos que una semilla necesita de libertad y nuestros mejores cuidados para germinar, reproducirse, y en unos meses poder florecer. Por lo tanto, podríamos llegar a la conclusión de que las diferentes especies que habitamos este planeta necesitamos de la libertad para poder obtener nuestros “mejores frutos”. Si consideras que una planta necesita de nuestros mejores cuidados y de un proceso de desarrollo acorde a las leyes que dicta la naturaleza y serías incapaz de forzarla, entonces ¿por qué fuerzas a un niño a que aprenda cosas para las que todavía no está preparado?

Pero resulta curioso observar como es el ser humano la especie más condicionada y, a la vez, a la que más se le priva de esa necesaria libertad para poder realizar un desarrollo pleno. Y más curioso resulta todavía cuando podríamos afirmar que, es el propio ser humano, a través de sus miserables intereses, quien priva de la libertad al propio ser humano. La especie a la cual la cadena evolutiva dotó de conciencia frente a los confines de la materia, priva de libertad y, por lo tanto, de un correcto y natural desarrollo a su propia especie. Díganme si conocen algo más antinatural que esto.

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“Vosotros sois el futuro”. La eterna mentira del adulto a los niños.

Díganme cuantas veces han escuchado a un adulto decirle a un niño eso de “vosotros sois la nueva generación”. Lo hemos escuchado tantas veces, que de adultos lo reproducimos sin pararnos a pensar de verdad la repercusión real de dicha frase. Lo decimos, pero no lo llevamos a cabo, porque en realidad, los adultos sabemos que no es así. En realidad, no estamos preparados y no queremos que esto pase.

El adulto prefiere que los niños se amolden a su sociedad, a su forma de vivir, a sus costumbres y tradiciones. De esta manera, el adulto se asegura mantener y perpetuar su sistema, aun a sabiendas de que es un sistema decadente, muy precario, un sistema que humanamente deja mucho que desear. Preferimos, por lo tanto, que sean seres mecánicos que encajen dentro del modelo de sociedad ya existente.

Cambiar la educación, al igual que cambiar las sociedades, está en la mano de los adultos, no de los niños, y lo sabemos. Los adultos somos los que moldeamos a los niños y los que los invitamos a que caminen por uno o por otro camino en la vida. Repetir continuamente la frase de “la juventud está perdida”, es una actitud miserable por nuestra parte, por gran parte de lo que ellos son la tenemos nosotros, pues ellos han crecido y se han desarrollado en las sociedades y valores que nosotros hemos construido, para bien y para mal.

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No te engañes. Tu hijo no es más inteligente por sacar un 10 en el examen.

“Mi hija va bien en el colegio, saca ochos y nueves”. Así, de ésta explícita manera, me explicaba el otro día una madre lo bien que su hija iba en el colegio. Ésta misma frase, con variabilidad de resultados, es como los adultos catalogamos el aprendizaje escolar. Así lo hacían nuestros abuelos, nuestros padres, y lo peor de todo, así lo continuamos haciendo nosotros.

Los adultos sabemos que no es así, que la comprensión, y menos aún la inteligencia, no se identifica con un número del 1 al 10. Los adultos nos autoengañamos, y peor aún, engañamos a los niños. Pero ahí seguimos, reproduciendo modelos fracasados. Y todo, por no salir de la famosa “zona de confort”. Haciendo lo mismo de siempre, pretendemos obtener resultados diferentes. Así somos.

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La peligrosa e injusta conducta adulta de comparar a los niños

Ten siempre presente que tu hijo es un ser humano único e irrepetible. No hay más teoría, no hay nadie en el mundo como él o ella. Sobre ello, es sobre lo que la educación tiene que trabajar, entendiendo a cada ser humano como un ser único. Todo el tiempo que gastes de tu vida en comparlo con alguien, es un tiempo perdido para ti y una conducta peligrosa para el desarrollo de los niños.

Los seres humanos vivimos en una continua sensación de asfixia. La educación recibida, basada en la comparación, hace que continuamente tengamos la mente en lugares que no corresponden precisamente con el presente, con el aquí y el ahora. Desde bien pequeños, la sociedad y la escuela nos han dicho quién o quiénes eran los modelos a seguir, nos han comparado con quien para ellos eran “los mejores”, y ello ha engendrado en nosotros miedo, un miedo que nos va a acompañar el resto de nuestras vidas, pues nadie nos dijo en ningún momento que lo realmente importante éramos nosotros mismos.

“El miedo impide que la mente y la bondad florezcan. La mayoría de nosotros aprendemos por medio del miedo, el cual constituye la base esencial de la autoridad y la conformidadque exigen los padres y los gobiernos”

Jiddu Krishnamurti

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Montessori y la importancia de una educación que respete al ser humano en plena revolución tecnológica

Montessori debería tener ya una sede en Silicon Valley. O mejor dicho, Silicon Valley y todo lo que está empezando a significar toda su estructura en la sociedad en que vivimos, debería dejar un espacio muy importante a metodologías educativas como Montessori. Y de ello bien saben Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google y exalumnos Montessori.

No es de extrañar pues, que la religión de un futuro muy próximo tenga su principal sede en Silicon Valley; o que la humanidad de un futuro muy presente tenga como sus dioses a Steve Jobs y compañía.

Educar en el adoctrinamiento, en la sumisión, hace que un ser humano, desde muy pequeñito, se acostumbre a hacer lo que otros les dicen que haga. En un proceso educativo que, si sumamos los años de universidad, puede llegar a durar los primeros 20 o 22 años de nuestras vidas (nada más, y nada menos) hace que, simplemente, llegados a la edad adulta, uno prácticamente no sepa desenvolverse por sí mismo y necesite de las directrices de otros para poder “actuar”.

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20 claves para entender el éxito de la educación en Finlandia

No queremos que sea este el típico post que compara la educación en Finlandia con la educación en España, para nada, pues consideramos las grandes diferencias entre ambos países. Pero sí que queremos que sea un post aclaratorio y constructivo, donde, por qué no, podríamos “incorporar” a nuestras vidas algunas conductas que sí creemos son posibles.

A continuación, y de una manera muy concreta y directa, os desglosamos 20 características del éxito de uno de los sistemas educativos más potentes y efectivos del mundo:

1- Se invierte más.

2- Tienen menos horas curriculares. Son los que menos están en la escuela.

3- Tienen a más de la población sobre niveles medio-altos en cuanto a comprensión lectora.

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No queremos cambiar la educación y esta es la razón

Díganme cuantas veces han escuchado a un adulto decirle a un niño eso de que “vosotros sois la nueva generación”. Pero en realidad, los adultos sabemos que no es así, porque no queremos sociedades nuevas, preferimos que los niños se amolden a nuestras sociedades y así mantener y perpetuar un sistema aun a sabiendas de que es un sistema decadente, un sistema que humanamente que deja mucho que desear. Preferimos, por lo tanto, que sean seres mecánicos que encajen en el modelo de sociedad ya existente. Algún día en algún lugar de este mundo habrá una generación de adultos “valientes” capaces de creer y llevar a cabo ese dicho de que “vosotros sois la nueva generación”. Ese día, comenzará a producirse la transformación social que hoy deseamos pero que por miedo no somos capaces de llevar a cabo.

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