Archivos de la categoría Sobre educación

“Me siento engañado” (Y como los niños son educados en unos valores que su sociedad no cumple)

Necesito tu ayuda para hacer que hoy sea el primer día de una nueva era, de nuestra nueva era. Donde el adulto entienda que es únicamente el niño el ser capaz de llevar paz entre los hombres. Hoy, dejarán de existir creencias del tipo de que una sociedad es diferente a otra, de que existen fronteras entre los seres humanos. Las familias y las escuelas seran conscientes, por primera vez, que son ellos los que inculcan en los niños el sentimiento separatista, pues al niño poco le importa si su amigo es cristiano o musulmán, europeo o africano.

Hoy, el adulto ha tomado conciencia del daño que hace forzando la mente del niño, influenciándola y condicionándola. El adulto ha sido por primera vez consciente de que ha sido él y nada más que él, el que ha creado un entorno absurdo de separatismo y falsos valores.

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No somos educados para vivir. Somos educados para ganarnos la vida.

Vivimos pensando en que siempre habrá un mañana mientras arrastramos en la mochila toda la carga del ayer. Entre ambos existe el hoy, al que apenas si hacemos caso. En realidad, no hemos sido educados para el aquí y el ahora y apenas si sabemos disfrutar del momento. Hemos sido educados con los conocimientos del ayer para ganarnos la vida mañana, y mientras, va pasando la vida. No nos han educado para vivir, nos han educado para ganarnos la vida.

Todo lo que tenemos en la vida es el presente, aunque solemos olvidarlo y vivimos atrapados entre las culpas del pasado y las preocupaciones del futuro. La clave para ser feliz y vivir plenamente radica en aprender a estar plenamente presentes.

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Relájate. Por mucho que insistas tu hijo no va a ser quien tú quieras que sea.

En África, en Asia, en América, en Europa o en Oceanía, nacen seres humanos reglados por patrones biológicos regidos de forma natural, fruto de un proceso continuado de millones de años de evolución.

En África, en Asia, en América, en Europa o en Oceanía, es el propio ser humano el que priva a su prójimo de poder desarrollarse según las leyes que la naturaleza ha dictado sobre él. Lo que la naturaleza ha creado, el hombre lo condiciona.

Vivimos en una sociedad dividida del hombre contra el hombre. Curiosamente, es el ser humano el animal que más priva de libertad a su propia especie. Vimos en una sociedad en la que, desde el minuto cero, el ser humano condiciona al ser humano, direccionándolo incluso en cual debe ser su necesidad espiritual, como si la elección de un Dios no fuera lo suficientemente importante para un individuo como que para otra persona tenga que hacer esta elección por ti. Tu vida espiritual está llena de emociones y autoconocimiento, y ese proceso es intransferible. Nada ni nadie lo puede hacer mejor que tú mismo.

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El periodo de adaptación escolar. El inicio de una aventura para el niño, un punto de inflexión para el adulto.

“Átate al duro mástil de tu barca. Y, obediente a tu brújula secreta, pon rumbo a la aventura irrenunciable: el viaje hacia ti mismo”

José Luís Sampedro

El periodo de adaptación en las escuelas suele ser uno de los “quebraderos” de cabeza más difíciles de solucionar para docentes, madres y padres y, sobre todo, para los niños. Resulta curioso cuando, en ese triángulo formado por docentes, madres-padres y niños, a los que menos se les tiene en cuenta es, precisamente, a los niños, quienes a la postre son los actores principales de este periodo de adaptación. Es, lamentablemente, una actitud bastante común entre los adultos el programar actuaciones para ser llevadas a cabo con niños sin contar con ellos.

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¿Por qué tus hijos deben tener la mejor educación cuando muchos niños no saben lo que es una escuela?

¿Por qué te planteas hoy ofrecer a tus hijos una educación “diferente”? ¿Por qué no lo pensaste antes? ¿El motivo que te ha llevado a buscar “otras formas de educar” son tus hijos o tu responsabilidad con la humanidad?

Si estás leyendo este artículo, muy probablemente estés interesad@ en esto que llaman la “educación alternativa” u otras maneras de educar, con sus variedad de metodologías educativas; si estás leyendo este artículo, será muy probablemente por estos dos motivos: Uno, porque acabas de ser madre o padre, o lo vas a ser pronto y quieres una educación diferente para tus hijos; y dos, porque eres consciente de que es únicamente a través de la educación la manera de construir una sociedad diferente siendo responsable con la humanidad. Sí, seguramente ahora estés pensando que ambas cosas, pero seamos sinceros, algo me dice que la primera opción es la mayoritaria.

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Ni vallas, ni muros, ni más presencia policial. Si existe una solución, se llama educación.

Existe un antiguo dicho castellano que, con algunas variantes, dice que “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. La idea del dicho o refrán es, que debemos aprender de los males que sufren los demás para no caer en los mismos errores y sufrir idénticas consecuencias.

Occidente sufre  el horror del que, desde hace ya algunos años, están sufriendo cientos de miles de personas. Lo vemos y sentimos cada vez más cerca, de ahí que estemos empezando a actuar. Lo vimos venir y no hicimos nada; ahora lo tenemos encima y la decisión tomada parece haber sido la de blindarse ante el horror. En vez de analizar y poner remedio sobre las raíces del problema, hacemos lo de siempre, parchear el problema y “a ver qué pasa”. No estamos siendo responsables. Ni lo fuimos, ni lo somos hoy. Occidente de espaldas al mundo, y lo que es peor, de espaldas a su propia realidad.

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“Este niño es bueno, obedece bastante”. La falsa creencia adulta de relacionar obediencia con bondad.

“Este niño es bueno, obedece bastante”. ¿Cuántas veces escuchamos ésta frase en nuestro día a día? Pero, ¿qué es realmente obedecer? Y, sobre todo ¿por qué obedecemos? Los adultos confundimos constantemente obediencia con bondad, fruto de haber sido educados en una rígida disciplina con base en el miedo. Esto es algo que el adulto tiene que transformar si quiere convertirse en un verdadero educador, como tantas otras cosas.

Hemos construido una sociedad que valora la quietud de un niño, o que cataloga como “niño bueno” al que está quieto y callado, y como “niño malo” al que habla y se mueve. Hemos adquirido como naturales conductas antinaturales para nuestra especie como que un niño esté quieto y callado durante un largo periodo de tiempo, cuanto más mejor, que no moleste mucho. Así somos, y así nos va.

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No insistas. Tu hijo no va a aprender nada para lo que todavía no esté preparado.

Fíjense que curioso. Los seres humanos sabemos que un pájaro enjaulado no tiene libertad para volar; o sabemos que una semilla necesita de libertad y nuestros mejores cuidados para germinar, reproducirse, y en unos meses poder florecer. Por lo tanto, podríamos llegar a la conclusión de que las diferentes especies que habitamos este planeta necesitamos de la libertad para poder obtener nuestros “mejores frutos”. Si consideras que una planta necesita de nuestros mejores cuidados y de un proceso de desarrollo acorde a las leyes que dicta la naturaleza y serías incapaz de forzarla, entonces ¿por qué fuerzas a un niño a que aprenda cosas para las que todavía no está preparado?

Pero resulta curioso observar como es el ser humano la especie más condicionada y, a la vez, a la que más se le priva de esa necesaria libertad para poder realizar un desarrollo pleno. Y más curioso resulta todavía cuando podríamos afirmar que, es el propio ser humano, a través de sus miserables intereses, quien priva de la libertad al propio ser humano. La especie a la cual la cadena evolutiva dotó de conciencia frente a los confines de la materia, priva de libertad y, por lo tanto, de un correcto y natural desarrollo a su propia especie. Díganme si conocen algo más antinatural que esto.

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“Vosotros sois el futuro”. La eterna mentira del adulto a los niños.

Díganme cuantas veces han escuchado a un adulto decirle a un niño eso de “vosotros sois la nueva generación”. Lo hemos escuchado tantas veces, que de adultos lo reproducimos sin pararnos a pensar de verdad la repercusión real de dicha frase. Lo decimos, pero no lo llevamos a cabo, porque en realidad, los adultos sabemos que no es así. En realidad, no estamos preparados y no queremos que esto pase.

El adulto prefiere que los niños se amolden a su sociedad, a su forma de vivir, a sus costumbres y tradiciones. De esta manera, el adulto se asegura mantener y perpetuar su sistema, aun a sabiendas de que es un sistema decadente, muy precario, un sistema que humanamente deja mucho que desear. Preferimos, por lo tanto, que sean seres mecánicos que encajen dentro del modelo de sociedad ya existente.

Cambiar la educación, al igual que cambiar las sociedades, está en la mano de los adultos, no de los niños, y lo sabemos. Los adultos somos los que moldeamos a los niños y los que los invitamos a que caminen por uno o por otro camino en la vida. Repetir continuamente la frase de “la juventud está perdida”, es una actitud miserable por nuestra parte, por gran parte de lo que ellos son la tenemos nosotros, pues ellos han crecido y se han desarrollado en las sociedades y valores que nosotros hemos construido, para bien y para mal.

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No te engañes. Tu hijo no es más inteligente por sacar un 10 en el examen.

“Mi hija va bien en el colegio, saca ochos y nueves”. Así, de ésta explícita manera, me explicaba el otro día una madre lo bien que su hija iba en el colegio. Ésta misma frase, con variabilidad de resultados, es como los adultos catalogamos el aprendizaje escolar. Así lo hacían nuestros abuelos, nuestros padres, y lo peor de todo, así lo continuamos haciendo nosotros.

Los adultos sabemos que no es así, que la comprensión, y menos aún la inteligencia, no se identifica con un número del 1 al 10. Los adultos nos autoengañamos, y peor aún, engañamos a los niños. Pero ahí seguimos, reproduciendo modelos fracasados. Y todo, por no salir de la famosa “zona de confort”. Haciendo lo mismo de siempre, pretendemos obtener resultados diferentes. Así somos.

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