Creatividad y Montessori (Y cómo un triángulo se convierte en un continente)

Cuando hacemos referencia a determinados aspectos del método Montessori y, más concretamente, cuando nos referimos al apartado de “dónde queda la creatividad” en dicha metodología, creo que se desconoce por completo el potencial creativo e imaginativo que sus materiales, dejados en manos de las personas más creativas existentes, los niños, puede dar de sí.

Lo vamos a explicar con un ejemplo de los muchos que pueden ocurrir a diario en un ambiente Montessori. Hace unos días, a un niño del Espacio Educativo “Alma Montessori” (donde trabajo) le presentamos la Caja triangular de triángulos constructores. Este material, es una caja triangular de madera que forma parte del ambiente de “Casa de niños” y que contiene: 1 triángulo gris equilátero, 2 triángulos verdes escalenos rectángulos, 3 triángulos amarillos isósceles obtusángulo y 4 triángulos rojos equiláteros pequeños. Pertenece al área de sensorial y se presenta al niño sobre los 4`5 años.

En un primer momento, hicimos la presentación oportuna al niño tras la cual se le invita al niño a trabajar con el material. “Suele ocurrir”  que, en un primer momento, el niño trabaja con el material “reproduciendo” modelos y movimientos presentados por el Guía; pero también “suele ocurrir”, que una vez hecha esta primera parte y tras la invitación por parte del Guía a que el niño trabaje con el material “de la manera que quiera”, se da rienda suelta a su imaginación.

“Cuando se deja al niño un poco de espacio “en el mundo y en el tiempo”, éste, como primera manifestación en su defensa, proclama: “Yo, quiero hacerlo yo”. En el ambiente adaptado al niño de nuestras escuelas, fue pronunciada por los mismos niños la frase que expresa esta necesidad interior: “Ayúdame a hacerlo solo”

María Montessori. “El niño. El secreto de la infancia”

En un primer momento, el niño comenzó a hacer construcciones de triángulos que fueron dando como resultado las imágenes que mostramos a continuación:

De todas ellas, una construcción le llamó la atención:

Cuando realizó esta construcción, inmediatamente comentó que esa imagen se parecía a uno de los mapas de rompecabezas con los que había trabajado. En un primer momento exclamó: “¡América del Sur! ¡Se parece a América del Sur!” Rápidamente se fue a por el mapa de América del Sur, lo montó sobre la alfombra y una vez puesto “no quedó muy convencido”. En ese momento exclamó: “¡África! ¡Se parece más a África!” Y de nuevo se fue al mueble donde se encuentran los mapas, cogió el mapa de África y lo montó junto al de América del Sur con su construcción de triángulos constructores en el centro. El resultado fue el siguiente:

Juzguen ustedes mismos. Y todo ello sin ser dirigido en ningún momento por el adulto, sino más bien experimentando desde su propia experiencia y sacando sus propias conclusiones. Sencillamente, dando rienda suelta a su imaginación.

Una de las máximas del método Montessori es creer en el niño como creador de sus propias capacidades. Es una principio educativo que “no es ficticio”, que el adulto no lo plantea de “cara a la galería”, sino que se cumple al 100%. Creer en el niño significa experimentar un proceso educativo que “se cuece a fuego lento”, en el que el niño trabaja bajo las directrices que dicta su maestro interior y en la que el adulto asume su papel de Guía, pero en ningún momento de adoctrinador.

Explicar con palabras esta experiencia (como tantas otras), es sumamente complicado para unos adultos que hemos sido educados a través de una metodología tradicional, que en todo momento nos ha dicho lo que teníamos que hacer y que muy pocas veces nos ha invitado a sacar aquellas potencialidades que llevamos dentro. Quién sabe el destino que el futuro tiene preparado para este niño, pero darse cuenta desde bien pequeñito que de un triángulo puede aparecer un continente, es una experiencia que a la mayoría de nosotros nos hubiera encantado experimentar.

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