Solemos dar por hecho que nuestros niños y niñas en edades tempranas no pueden realizar muchas actividades por sí solos; pero si nos preocupamos de estimulamos y damos libertad de acción a los mismos, podremos comprobar que su inteligencia y creatividad es mucho más amplia e interesante de lo que podemos pensar. Para ello, debemos confiar en su capacidad e instinto de supervivencia.

Suele ocurrir que los deseos de los adultos son muy diferentes a las necesidades de las niñas y niños. Aquel día lo tenía todo programado. En mi hoja semanal de presentaciones semanal añadí que al niño R, de 4 años, a lo largo de esta semana, le presentaría las Barras Numéricas, un material Montessori con el que el niño aprende el nombre de cada número y su secuencia, así como para que el niño haga la correcta asociación entre el número expresado y la cantidad concreta, entre otros propósitos. Este niño, lleva unos días donde es “sensible” a los números y creo que es el momento de introducirlo en el maravilloso mundo de los números.

He sido paciente, como de costumbre, hasta esperar el momento oportuno a lo largo de la semana. Normalmente, suelo “planificar” unos objetivos a trabajar con los niños a lo largo de la semana. ¿Cuándo será? Eso nunca se sabe. Hay que esperar y que el niño “te diga” cuando es el momento.

Y llegó el momento. Como de costumbre, hemos colocado la alfombra en el suelo y hemos comenzado a llevar el material, barra a barra, una a una hasta la alfombra. Una vez allí, también como de costumbre, yo le he hecho la presentación del material concluyendo con el también habitual “ahora te toca a ti”, invitando así al niño al trabajo.

A partir de ahí, la imaginación del niño ha hecho acto de aparición, abortando por completo cualquier deseo del adulto. Bien es cierto, que cuando presentamos materiales a los niños, tenemos muy presente que si el material en manos del niño coge “otra vida” distinta para la que fue presentado, en un porcentaje muy alto de las ocasiones, se respeta el uso que el niño haga de ese material (exceptuando casos donde la utilización del mismo no sea apropiada porque pueda perjudicar el material de pedante correr ciertos riesgos de peligrosidad).

Dicho esto, os invito a presenciar la cantidad de “inventos” (así lo ha denominado el mismo niño) que el niño ha creado de cada posición del material. Os invito también, a romper nuestras estructuras mentales creativas de adultos rígidas y oxidadas, de lo contrario será imposible que consigamos “ver algo” en este trabajo creativo del niño.

Y este ha sido el resultado del proceso. Imágenes “exclusivas” del material con el respectivo nombre que el niño ha ido poniendo a cada una de sus creaciones. Disfrútenlo.

1- “Cohete con color”

2- “Avión con macarrón”

3- “Un coche policía”

4- “Aparcamiento”

5- “Para llegar al parking”

6- “Laberinto”

7- Dos “aparcaciones”

8- “Un ascensor”

9- “Tienda de campaña”

10- “Súper manos”

11- “Torre Eiffel cayéndose y rota”

12- “Dos Torres Eiffeles”

13- “Una Torre Eiffel parecida”

14- “Una Torre Eiffel con policía”

15- “Una ambulancia rota”

16- “Una X”

Íbamos a trabajar los números y se cruzó este volcán de creatividad por el camino. ¿Acaso los adultos tenemos derecho de abortar estos momentos de creatividad de los niños? Y todo esto después de 45′ de trabajo individual, aumentando su capacidad de concentración, potenciando y trabajando su creatividad, entre otras muchos objetivos que dicho niño trabajaba de manera totalmentre autónoma. Fíjense que curioso si, queriendo trabajar los números, han aparecido todas estas creaciones.

Siempre decimos en nuestro cole que somos unos auténticos afortunados de poder tener un proyecto educativo que respeta los tiempos de las niñas y niños. Esto hace que en nuestro día a día “no existan las prisas” y que puedan ocurrir cosas tan maravillosas como esta.

Pd: Para los que estén impacientes por dónde queda entonces el aprendizaje de los números, les diré que no se preocupen. Pasados unos días volvimos al mismo material, en ese momento le apetecía conocer los números y así lo hicimos. Si los adultos tuviéramos un poco más de paciencia, al final acabaríamos entendiendo que hay tiempo para todo. Y así, todos disfrutaríamos mucho más del día a día en las escuelas.