El periodo de adaptación escolar es uno de los procesos más importantes a tener en cuentas en cualquier proyecto educativo, sobre todo, para aquellas niñas y niños y sus respectivas familias que se acercan a la escuela por primera vez. Por ello, vamos a hacer un acercamiento a este proceso teniendo en cuenta a todos los agentes que forman parte de este importante proceso educativo, englobando desde aspectos relacionados consigo mismo y aspectos relacionados con el niño, la familia, el entorno, etc.

  • El periodo de adaptación no se programa, se acompaña.

Un periodo de adaptación no se puede programar con una temporalidad cerrada, pues el ser humano no es una máquina que activas o desactivas a tu gusto. Hay que atender emocionalmente estas situaciones y caminar desde este punto de partida.

Suele ocurrir en muchas ocasiones, que el adulto suele ver en la escuela el lugar donde le van a poner solución a una parte de sus problemas educativos. Es ese dualismo que sigue existiendo entre las acciones que yo realizo y las que realiza otro ser humano que está frente a mí. Porque le damos tanta importancia a la manera en que nosotros vemos, interpretamos y analizamos las cosas, que, al percibir a alguien ajeno, entendemos que es ajeno, entonces lo que aplicamos como recurso educativo parece que va a alguien ajeno.

Pero queremos romper con esta rutina y situarnos en un nuevo punto de vista. Queremos entender este periodo de adaptación como un momento donde todas las partes implicadas se fusionan entendiendo que ninguna está separada de la otra, sino que forman parte de una misma unidad y una misma realidad. Desde este punto de vista, estamos mirando el proceso educativo de una manera que va más allá de entenderlo como lo hemos hecho hasta ahora y que pretende ir a un lugar más íntimo para todos. Todos nos tenemos que situar por lo tanto en ese lugar, y para poder llegar a ese lugar íntimo, uno tiene que darse cuenta de que a quien tiene en frente es a sí mismo.

  • La herramienta no es lo importante

Metodologías como Montessori que miran la infancia desde el respeto y el acompañamiento a los ritmos de desarrollo de estos están cada vez más de moda. Esto, en un mundo donde “todo se compra”, hace y va a hacer cada vez de manera más progresiva, que puedas ver como “por todos los lados” te quieran vender “hacer tal o cual cosa” al estilo Montessori. Pero siendo sincero contigo, este planteamiento no funciona en casos donde uno se tiene que sumergir en la experiencia y dejar a un lado la creencia. Podríamos decir entonces, que lo realmente importante no es la herramienta que usa el educador, no es importante la mirada hacia afuera del educador, pues el educador ejerce el cambio en el otro simplemente ejerciéndolo sobre sí mismo. La herramienta es importante solo para el educador en el sentido de agradecimiento, en el sentido de que esa herramienta es la forma a través de la cual nos relacionamos. Pero esa importancia no es una importancia egóica, una importancia de valor. Es una importancia de agradecimiento, pero realmente la herramienta es totalmente circunstancial.

  • Creamos dicotomía y no nos permitimos la experiencia

Está claro que una educadora con experiencia ha transitado varias veces por este proceso. Es una experiencia que hay que tenerla en cuenta, pero la educadora no puede caer en el error de creer que únicamente este periodo de adaptación escolar se puede desarrollar atendiendo únicamente a los planteamientos que ella considere, al igual que tampoco será aceptable atender únicamente las exigencias de las otras partes implicadas, pues siendo de esta manera, todos están dando de lado a algo tan importante como ver el momento presente y vivir esa experiencia.

Por eso, las educadoras deben tener en cuenta que tendrán que llegar a un lugar mucho más íntimo. Un lugar todavía más profundo, que requiere de humildad y honestidad para reconocer que la invitación a la que estoy siendo llamada todavía no lo he transitado ni sanado, pero que estoy dispuesta a aprovechar la ocasión y el momento que tengo frente a mí para hacerlo juntos. Ahí el conocimiento se transforma en humildad. Ahí el educador pasa a colocarse en el nivel de experiencia directa donde acepta y reconoce el lugar del otro de que me está acompañando a mí a un lugar a donde yo no he ido nunca, así que podemos ir juntos. Aquí, el acto del educador cobra poder, cobra una luz a la que no estamos acostumbrados, porque solemos establecernos en nuestro papel. Yo soy el educador, tú eres el niño-familia; yo soy el que pregunta, tú eres el que responde, etc. Solemos generar esta dicotomía constantemente. Lo que estamos buscando aquí es precisamente lo opuesto a esa dicotomía, que sería el equilibrio. Cuando el educador escucha una petición de la persona que tiene delante y se da cuenta de que no lo tiene asumido, nace un equilibrio, que une a los dos en ese momento. Y a esto lo podríamos llamar amor. Pero no un amor entendido como una emoción, sino que el amor puede ser también un encuentro, una experiencia de unidad, de humildad.

Esto es a donde queremos llegar en este acto del periodo de adaptación, en esa unión que nos lleve a ser conscientes de que ambos estamos caminando hacia un nivel muy profundo que posteriormente impactará a niveles más superficiales. Será en este momento y desde este lugar donde ambos podamos compartir para obtener un bien común.

No existen recetas mágicas, lo único que existe es vivencia y experiencia en el presente, aquí y ahora, es el regalo más preciado que tenemos todos los seres que formamos parte de esta realidad primera y única. Debemos dejar atrás esa arrogancia que supone creer que como yo soy el educador o que cómo yo conozco mejor a mi hijo que tú, lo sé todo, y tú tienes que hacer lo que yo diga.