A menudo, cuando hablamos entre adultos de que las niñas y niños tienen un periodo sensible al orden durante la primera infancia, muchos adultos suelen sorprenderse y suele salir, a modo irónico con un típico “pues mi hijo es muy desordenado”.

Que un niño tenga un periodo sensible al orden no significa para nada que “sea ordenado”, no tiene nada que ver. Este periodo sensible, es uno de los más importantes y más misteriosos que hace del niño sensible al orden. María Montessori observó que esta manifestación del periodo sensible al orden “se presenta al final del primer año de su existencia y se prolonga durante el segundo año”.

Pero claro, la observación del niño “está en decadencia”, podríamos decir que se encuentra “en horas bajas”. El adulto transita habitualmente por rutinas del “todo full”, arrastrando consigo al niño y donde apenas si dedica tiempo a algo tan importante como es observar el comportamiento de un ser vivo tan importante como el ser humano. Un claro ejemplo lo representa las tardes estresantes de “mil actividades” a las que los adultos estamos sometiendo a los niños, yendo de actividad en actividad, sin descanso posible, tras la falsa creencia del cuanto más aprendan y más cosas sepan hacer mejor. Estamos muy equivocados en este sentido, y lo peor de todo es que lo hacemos siendo conscientes de ello.

Lo hagamos o no, nuestra especie, al igual que el resto de especies y componentes del universo, estamos “obligados” a vivir dentro de un orden cósmico. Algo que “no vemos” pero que de una manera inconsciente sentimos y vivimos cada día de nuestras vidas. En este sentido, María Montessori nos habla de que “resulta difícil poder juzgar una actitud tan delicada cuando el niño vive en un ambiente cerrado como el de las ciudades, invadido por objetos grandes y pequeños que el adulto desplaza y mueve con finalidades completamente ajenas al niño”. Porque lo respetemos o no, y de nuevo en palabras de María Montessori, “el orden constituye un estímulo excitante, un reclamo activo y, en realidad, es más que esto: es una necesidad que representa un goce efectivo en la vida. El orden es necesario para la tranquilidad y felicidad de la existencia”

Sin ir muy lejos, hace muy poquitos días los seres humanos celebramos un evento cósmico muy importante, algo muy bonito que explica perfectamente esto que estamos hablando. Concretamente, me refiero a la celebración del solsticio de invierno que, al igual que el solsticio de verano y los equinoccios de primavera y otoño, los seres humanos siempre celebramos y celebraremos el mismo día. Es una clara muestra al orden al que los humanos estamos sometidos y al que apenas si le damos la gran importancia que tiene.

La inteligencia del hombre no sale de la nada; se edifica sobre las fundaciones elaboradaspor el niño durante sus períodos sensitivos”

María Montessori

Otra pregunta que nos suelen hacer es cómo poder observar esta manifestación en los niños. En primer lugar, os diría que para que eso ocurra en la vida del adulto debe haber tiempo y orden, si no será muy difícil que puedas observar esto. En segundo lugar, te muestra una imagen donde puedes ver esa manifestación “en vivo y en directo” en el momento en que el niño atraviesa por ese periodo sensible. Tal imagen ocurrió hace solo unos días en nuestro cole. Había unas ramas, palos, plumas, piñas, etc. esparcidos por el suelo. Hicimos una línea y pedimos a los niños que, junto a la línea, amontonados, fueran colocando estos objetos. Unos niños los fueron amontonando, mientras otros fueron colocando minuciosamente los objetos tal y como podéis observar en la imagen. ¡Esta es la manifestación del orden interno del niño! De ahí la importancia que tiene que a estas edades el adulto acompañe a los niños en este proceso.

                        

Te invitamos a que observes al niño. Estoy convencido que tú en más de una ocasión has podido observar y disfrutar de ejemplos similares que te habrán dejado “con la boca abierta”.

El orden forma parte de nuestras vidas. El orden externo invitay podríamos decir que nos obliga al orden interno. Estamos inmersos en un orden cósmico a diario que apenas si sentimos, pero que es de suma importancia para todos nosotros.