La imagen que aparece en la portada de este texto está tomada hoy mismo de la marquesina de una parada de autobús. La “felicidad” representada mientras juegan en familia con una consola. Cada día que la veo me pregunto si estamos entrando en una era donde el ser humano ya no necesita mirar al horizonte, si el “antifaz tecnológico” se ha incrustado como un parásito para castrar nuestra relación con el entorno, donde ya no descubre sensaciones, donde, directamente, le da la espalda a aquello que durante miles de millones de años ha sido su guía de vida, la naturaleza.

Durante miles de años el ser humano ha “descubierto mundo” gracias a sus observaciones. Mirando el horizonte hemos podido descubrir y conectar con nuestro entorno. Lo hizo el pueblo babilonio, el mesopotámico, los egipcios, los griegos y los romanos; Galileo y Copérnico pueden dar buena fe de lo que significa observar para poder aprender de la vida. Pero el ser humano parece estar entrando en una era de su evolución en la que ya no quiere observar lo que ocurre en su entorno natural. Parece preferir que sean otros los que les dicten las leyes de su vida dentro de un entorno artificial.

Desde hace miles de años atrás, el ser humano ha vivido sin mirarse, sin saber quien realmente es. La llegada de la Agricultura supuso para el Sápiens el darse cuenta que ya no hacía falta salir a cazar para obtener alimento. El Sápiens se instaló y en ese mismo lugar pudo obtener sus necesidades más básicas que le permitieran seguir viviendo. Pronto, los núcleos creados por nuestros antepasados se fueron haciendo más grandes, y en el Sápiens tuvo que satisfacer otro tipo de necesidades. Apareció la cultura, las religiones, y el Sápiens se empezó a organizar. La “ficción organizada” apareció con tal fuerza que todavía hoy día seguimos manteniendo estas creencias creadas por el ser humano para condicionar a miembros de su propia especie.

Pero hoy nos encontramos ante una nueva era. La revolución tecnológica ha venido para quedarse y ahora a nuestra especie se nos abre el dilema de si podremos vivir para nosotros mismos, acordes a las leyes que dicta la naturaleza; o por el contrario si tendremos que dejar nuestras vidas a condicionantes tecnológicos que produzcan modificaciones en nuestra especie.

Hoy en día muchos adultos prefieren programas educativos simplemente por que sus hijos vayan a aprender a través de un ipad. Viene a ser algo así como que los grandes poderes tecnológicos-capitalistas abusan de nuestra ignorancia para poner en manos de nuestros hijos un producto que vemos de alta calidad, y que por ende “entendemos” facilitará el aprendizaje de niñas y niños.

Pero nada más lejos de la realidad. No podemos ser tan ignorantes. Es una auténtica aberración hacer creer que los niños, en las primeras edades, van a aprender mejor a través de un dispositivo electrónico que de elementos sensoriales que pueda tocar con sus propias manos. El trabajo con las manos supuso una auténtica revolución en nuestra especie hace miles de años. Hoy, los dispositivos electrónicos suponen, quizás, el máximo avance de esos descubrimientos que comenzaron nuestros antepasados puliendo una piedra para hacer una herramienta de trabajo. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es creer que tus hijos vayan a aprender mejor a través de un dispositivo electrónico. No tiene nada que ver. Las verdaderas necesidades de las niñas y niños hoy, no difieren mucho de las de niñas y niños de hace miles de años.

Hacen falta más experiencias en la naturaleza y menos centros comerciales; más piedras y palos y menos tablets y móviles. No es un mensaje este para demonizar nada, por supuesto que no. Nuestra especie avanza afortunadamente, pero no vale siempre la misma jugada de que cuatro dominantes capitalistas dominen al resto de la humanidad, en este caso, haciéndonos creer que un niño ya no necesita de experiencias en la naturaleza para aprender de la vida.

El currículum Montessori se basa en atender al ser humano, sus verdaderas necesidades y estas se basa en vivir experiencias que hay en el entorno del niño, aprendiendo a través del recorrido natural que la evolución ha producido en el mundo que había antes de que llegaran los humanos (Naturaleza), pero haciendo especial hincapié en los logros de nuestra especie a través de millones de años de evolución (Supranaturaleza). Estudiar en un colegio Montessori, es lo más parecido a recibir una educación que en todas sus etapas camina cogida de la mano de la evolución, mirando atrás para saber donde estamos hoy; y estando presentes hoy para vivir el presente y atender las que ahora son nuestras necesidades. De esta manera podremos formar parte de un proceso educativo que respete nuestra experiencia de vida, aquello por lo que fuimos llamados a venir a este mundo.