¿Eres de los que alguna vez te has preguntado cómo es posible que, en el tradicional “Belén” de Navidad, entre tanta nieve los pastores decidieran sacar al rebaño a alimentarse? Si es así, este artículo pueda que te interese.

Las religiones han convertido al ser humano en un ser “hipnotizado”, lo han dividido más que unido y no han sido honestas con él, pues le han contado cosas a lo largo de la vida que no eran “del todo verdad”. La escuela (en su casa que cada familia haga lo que considere oportuno, faltaría más) “se ha dejado llevar” por las costumbres y las tradiciones y, como resultado, tenemos a una sociedad que generación tras generación repiten y repiten festividades y tradiciones, la mayoría de las veces sin saber por qué se celebran realmente.

Este artículo pretende ser clarificador en este sentido, pero, como hemos dicho anteriormente, desde el respeto máximo a las costumbres y tradiciones que cada familia quiera tener en su vida privada. Repito, en su vida privada, pues la escuela debe ser imparcial en cuanto al tratamiento de las religiones se refiere. Como educador, no soy yo nadie como para decirle a ningún niño cuál tiene que ser el camino espiritual que debe seguir en su vida. Una escuela laica, una escuela holística, es la única manera de conseguir un ser humano íntegro que sea capaz de respetar ya de adulto la diversidad espiritual existente. Para no repetir el mismo mensaje sobre la responsabilidad del educador a la hora de educar en una determinada religión, te invito a que leas, reflexiones y debatamos sobre el siguiente artículo que ya publicamos hace unas semanas al respecto.

  • ¿Nació Jesús un 25 de diciembre?

No. Todo indica a que no ocurrió ni ese día ni en esa fecha. De hecho, En los primeros siglos del Cristianismo, el nacimiento de Jesús y su bautismo se celebró el día seis de Enero, día de la Epifanía (del griego επιφάνεια que significa: “manifestación, aparición” y todavía se sigue celebrando en esa fecha en oriente en la iglesia ortodoxa. Para conocer esto hay que remontarse varios siglos atrás. En la Antigua Roma, durante estas fechas, se llevaban a cabo unas fiestas lejos del carácter religioso que tienen hoy. Al final de “la Saturnalia”, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol —Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible)— personificado en el dios Mitra. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma, especialmente entre los soldados. La iglesia católica, le “dio una vuelta” a esta celebración y, “como el que no quiere la cosa”, comenzó a darle un carácter religioso a partir del S.IV.

Desde pequeños nos han contado que Jesús nació un 25 de diciembre, y lo hemos asumido con total normalidad, pero diversas teorías apuntan a que eso no ocurrió así. Varias hipótesis apuntan a que pudo ser durante el mes de abril, otras apuntan a los meses de verano. En Lucas 2.8, podemos leer que en la noche del nacimiento de Jesús “había también en la misma tierra pastores viviendo al raso y cuidando de sus rebaños por las noches”. Muchos especialistas están de acuerdo en que este hecho habría sido improbable en diciembre, ya que los pastores hubieran puesto a sus rebaños a cubierto durante los fríos meses de invierno.

  • ¿Mitra? ¿Saturnalia? ¿Sol Invictus? ¡Vaya lío!

Si, perdona. Será mejor que vayamos por partes para intentar aclarar todo mejor.

Las saturnalias: En estas fechas, en Roma se celebraban las festividades dedicadas a Saturno (padre de Júpiter, dios de la agricultura y la cosecha). Las Saturnales, o Saturnalia en latín, se celebraban durante 7 días, del 17 al 23 de diciembre, una vez finalizados los trabajos del campo tras la conclusión de la siembra.

Finalmente, los romanos “oficializaron” las Saturnalias alrededor del 217 a. C. para elevar la moral de los ciudadanos después de una derrota militar sufrida ante los cartagineses en el lago Trasimeno. Eran Navidad y Carnaval a un mismo tiempo, siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos.

En las fiestas Saturnales, se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la nueva venida de la luz (¿Os suena todo esto?). Los romanos amigos y familiares, se hacían regalos (en un principio, recordando a antiguos rituales, velas o figurillas de barro) como los que se hacen en la fiesta de la Navidad.

Sol Invictus: Las Saturnales terminaban con el solsticio de invierno, día en el que entraba la estación más fría del año (hemisferio norte) y el fin de los días oscuros, ya que a partir de esa fecha el día se alargaba teniendo más horas de luz. En aquellos tiempos se pensaba que este día era el 25 de diciembre.

El 25 de diciembre en el antiguo calendario juliano, se bautizó como ‘Sol Invictus’ en conmemoración al Sol. El Festival del Nacimiento del Sol Invencible (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al renacimiento del Sol.

Mitra: La sociedad romana era una sociedad politeísta que creía en varios dioses, por eso, no es extraño que a finales del S.I d.c. adoptasen un nuevo dios, el dios Mitra.

Ese sol invencible es el dios Mitra, cuyo culto y devoción compitió con el Cristianismo, con el que tiene indudables semejanzas. Mitra es un dios persa con al menos 4.000 años de existencia.

El Mitraismo se extendió por todo el imperio en los primeros siglos del Imperio acompañando sobre todo a los soldados. Precisamente la vida religiosa del devoto de Mitra se concibe como una milicia y camino de perfección.

Mithra es el intermediario entre el cielo y el infierno, entre los reinos del bien y del mal. Es el representante de Ahura-Mazda en la tierra que nos protege a los hombres de las fuerzas demoniacas de Ahriman. Mitra es “luz del mundo”, símbolo de la verdad, de la justicia, de la lealtad. Se le llama también el “juez de las almas”, que purificadas ascenderán al cielo. Mitra es el padre celestial que las recibirá en su mansión celestial. Creen firmemente en el cielo y en el infierno, en la supervivencia y resurrección de la carne después de la muerte, en el castigo y recompensa; dios benevolente hará justicia con los justos a los que concederá la salvación eterna el día del juicio final, cuando se produzca definitivamente el triunfo de la luz sobre las tinieblas. ¿Os suena todo esto?

Entre el Mitraismo y el Cristianismo hay grandes semejanzas en el aspecto doctrinal y también en el ritual y en consecuencia hubo una fuerte rivalidad, de la que salió triunfante el Cristianismo a partir del siglo IV.

  • ¿Por qué el cristianismo “sustituye” al mitraísmo?

Fue cosa del Emperador Constantino El Grande, hace unos 1700 años, que creyó conveniente hacer coincidir el nacimiento de Cristo con la fiesta pagana más multitudinaria y popular del Imperio Romano, el Festival de la Saturnalia, que celebraba el nacimiento de un “nuevo” Sol.

Y un momento clave: La Batalla del Puente Milvio (28 de octubre de 312) entre los ejércitos de los emperadores Constantino I y Majencio. Los historiadores cristianos atribuyeron la victoria de Constantino a una intervención divina, en la que supuestamente Constantino vio en el cielo una cruz con la leyenda, “por este signo vencerás”. Desde este instante Constantino I se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los dioses paganos de Roma.

Tres meses antes de la muerte de Constantino, en el año 337, fue nombrado Papa Julio I, con quien al parecer el emperador estableció un sólido puente de confraternización, ayudando con ello a que se decidiese ir sustituyendo las fiestas paganas por celebraciones de índole cristiana.

En pocas décadas el cristianismo se iría imponiendo en la práctica totalidad del Imperio. Mientras el mitraísmo, al igual que el resto de cultos paganos, como hemos visto, sería declarado ilegal tras el edicto de Tesalónica por el emperador Teodosio I, en el cual el emperador estableció que la única religión del estado era el cristianismo niceno. Pero ya antes de esa fecha los Padres de la Iglesia habían visto en el simbolismo del Sol Victorioso una imagen ajustada a su propia visión de Cristo, centrada en la victoria del Dios resucitado sobre la oscuridad de la muerte, aunque representado en la imagen de un bebé, a la que acompañaban varias similitudes: la cueva, los pastores, el sacrificio, la salvación…

  • ¿En serio todo esto?

Aunque algunos cristianos rechazan esta teoría, el catolicismo romano, sin embargo, acepta ampliamente que la fecha de la Navidad es una convención, como muestra la afirmación de Juan Pablo II: “A los cristianos les pareció lógico y natural sustituir esa fiesta con la celebración del único y verdadero Sol, Jesucristo, que vino al mundo para traer a los hombres la luz de la verdad” (1993, asamblea general 22 de Diciembre), e incluso el propio papa Benedicto XVI confirmó en 2009 que “la Navidad asumió una forma definida en el siglo IV, cuando tomó el lugar de la fiesta romana del ‘Sol Invictus“.

Aceptar esta parte de la historia no es fácil, pues nos desmonta una parte de nuestra estructura de vida (sentimientos, magia, momentos, vivencias muy especiales vividas, etc) y nos invita a mirar de frente el mundo en que vivimos Y ser conscientes, despertar y darnos cuenta que sí, que en parte, tengamos que asumir que decidimos participar de algo que en realidad no ocurrió tal y como nos lo han contado desde toda la vida. Todo esto “está montado” en un contexto cultural con el que tenemos que convivir donde se cruzan realidades con ideales.

Un abrazo.

BIBLIOGRAFÍA 

  • Diccionario de religiones comparadas (ed. 1975). Madrid: Ed.Cristiandad
  • Bayet, Jean., (1984). La religión romana. Historia política y psicológica. Traducción de Miguel Ángel Elvira. Madrid: Cristiandad.
  • Schmidt, Joel, (1995). Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona: Larousse.
  • Espulga, X.; Miró, M., (2003). Vida religiosa en la antigua Roma. Barcelona: Edt. UOC.
  • Todo sobre Historia.(2009). Dioses romanos. (URL: http://www.allabouthhistory.org).