Hay una lógica humana que nos dice que “ya va siendo hora” de replantearnos lo que entendemos por escuela, porque detrás de esa idea romántica de educación que todos tenemos, existe una realidad que acaba imponiéndose a nuestro ideal; hay funciones reales que la escuela tiene y que parece “no queremos mirar tanto” tales como los de custodia, selección o adoctrinamiento de niñas y niños.

Hay una lógica humana que no entiende la disyunción actual entre una afligida sociedad adulta que pretende ser humanitaria y un ambiente escolar que remiende la realidad, pues por momentos da la sensación de que lo que la escuela “inculca” en su día a día, su misma sociedad lo incumple. Algo no estaremos haciendo bien si “nos seguimos creyendo” que es auténtico el mensaje de paz, solidaridad, respeto, etc. que transmitimos los adultos en las escuelas a diario cuando luego esos mismos niños salen a la calle y se encuentran con una sociedad muy distinta sumida en guerras, miseria o pobreza, tan diferente a “como se la hemos pintado” en la escuela.

Hay una lógica humana que te dice que los niños aprenden más de sus iguales que de sus maestros, de la observación, o del simple hecho de participar en el ritual de la escuela; y que, en ocasiones, son los maestros los que obstruyen el aprendizaje de materias de estudio por el simple hecho de cómo se dan en la escuela.

Hay una lógica humana que te dice que memorizar no es aprender; que sacar un 10 en un examen no hace a un niño más inteligente que otro, porque la verdadera inteligencia no tiene nada que ver con “sacar buenas notas”; pero ahí seguimos, premiando “al del 10” y dando de lado “al del 4”. La escuela basa su rutina en métodos competitivos y luego se sorprende de formar parte de una sociedad competitiva donde prima la “ley del más fuerte” por encima de todo.

Hay una lógica humana que te dice que la solución no pasa solo por una reforma del sistema educativo; que la solución no pasa por las metodologías de moda ni por llenar de ipads de última generación cada una de las aulas de este país; sino que antes hay que realizar una verdadera desescolarización de la sociedad que permita establecer nuevos caminos a transitar. Trabajo arduo para una sociedad líquida y volátil poco acostumbrada y que le dan tan poca importancia a un valor tan importante como la humildad.

Hay una lógica humana que te dice que la escuela tiene un currículum oculto, que “no queremos ver” pero que sabemos que existe y que ocupa un peso más importante de lo que pensamos; es ese currículum oculto que sirve como ritual de iniciación a una sociedad de consumo o que inocula interesadamente en las niñas y niños aspectos culturales o religiosos.

Hay una lógica humana que te dice que la escuela de hoy educa para que los niños de hoy, adultos del futuro, acaben sus estudios universitarios y se les asigne un cartelito diciendo “el precio que valen”, dándole así el poder de pertenecer a un mundo donde todo recibe un valor mercantil; que no podremos ir más allá de la sociedad de consumo a menos que entendamos primero que la escuela al servicio del estado reproduce inevitablemente dicha sociedad, independientemente de lo que se enseñe en ellas.

Hay una lógica humana que te dice que hay sistemas educativos donde un proceso de oposición al cuerpo de maestros es uno de los mecanismos más absurdos y decadentes que un sistema puede crear para someter a los que a la postre tiene la indignidad de llamar “Maestros”; que un maestro no se merece ese proceso vejatorio tan alejado al respeto que se debería tener a quienes a la postre acaban educando a una sociedad.

Hay una lógica humana que “está llamando a tu puerta” y te está diciendo a gritos que hoy, afortunadamente, hay una generación que no está dispuesta a tratar tan mal a su planeta como lo hemos hecho nosotros; que quieren y aman el lugar en el que viven y que se sienten capaces de revertir una situación catastrófica causada por varias generaciones de adultos irresponsables. Esa generación te está suplicando que “tires a la basura” un modelo educativo creado para cubrir unas necesidades muy diferentes a las necesidades de hoy; esa generación “te está suplicando” que los escuches y que por primera vez adultez e infancia aúnen esfuerzos por un bien común.

La escuela de hoy, al igual que la escuela de siempre, se ha mirado tanto el ombligo que ha sido incapaz de levantar la cabeza y reconocer que los defectos más fatales de nuestra época están directamente relacionados con los métodos antinaturales de educación. “Mirar a los ojos” a la escuela desde esta perspectiva es el inicio del cambio de paradigma que tanto pareces desear pero que tanto miedo te da iniciar.