¿Por qué tus hijos deben tener la mejor educación cuando muchos niños no saben lo que es una escuela?

¿Por qué te planteas hoy ofrecer a tus hijos una educación “diferente”? ¿Por qué no lo pensaste antes? ¿El motivo que te ha llevado a buscar “otras formas de educar” son tus hijos o tu responsabilidad con la humanidad?

Si estás leyendo este artículo, muy probablemente estés interesad@ en esto que llaman la “educación alternativa” u otras maneras de educar, con sus variedad de metodologías educativas; si estás leyendo este artículo, será muy probablemente por estos dos motivos: Uno, porque acabas de ser madre o padre, o lo vas a ser pronto y quieres una educación diferente para tus hijos; y dos, porque eres consciente de que es únicamente a través de la educación la manera de construir una sociedad diferente siendo responsable con la humanidad. Sí, seguramente ahora estés pensando que ambas cosas, pero seamos sinceros, algo me dice que la primera opción es la mayoritaria.

Lo que el hombre le está haciendo al hombre no tiene límites. Todas las sociedades han tomado la explotación del hombre, del prójimo, como algo normal. Es un sinsentido absoluto que nos va a acompañar toda nuestra vida. Por todo esto, por el pensamiento anterior, es el principal motivo por el que un adulto y, en este caso, el educador, debe sentir responsabilidad por la humanidad entera y no solamente por su círculo más cercano. Si tú como adulto y/o como educador no sientes esa responsabilidad, esa pasión, entonces serás incapaz de sentir responsabilidad.

“Tenemos que considerar la educación desde un nuevo punto de vista. Debemos proceder con humildad, no hay que mirarnos a nosotros mismos con la autoridad de los grandes filósofos, grandes reformadores sociales que imponen la reforma de la escuela, y por tanto, a la humanidad. No somos nosotros quienes debemos juzgarlo. Debemos mantenernos en la humildad y observar a la infancia, observar al niño individual, con el fin de descubrir si él mismo nos puede proporcionar una guía, o nos llevan a la solución del problema”

María Montessori

Pero ¿por qué no nos sentimos responsables de los refugiados que huyen del miedo? ¿Por qué tenemos más que asumido relacionar África con pobreza? ¿Por qué no nos sentimos responsables del prójimo? Quizás porque hayamos cogido de la palabra responsabilidad únicamente el significado, y no la acción.

El ser humano tiene establecidos determinados símbolos para su lenguaje, escondiéndose detrás de estos su significado. “Ser una persona responsable” tiene un significado social, pero no tiene acción alguna. Es un significado sin acción, que por lo tanto “no deja huella” en el interior de la persona, pues imitar no es aprender y sin acción no se produce aprendizaje. Nuestra sociedad se esconde detrás del símbolo y en muy pocas ocasiones es capaz de ver más allá del símbolo en sí, entendiendo por “símbolo” ese pensamiento de “responsabilidad” que ahora mismo ronda por tu cabeza. De esta manera, nuestras consciencias pueden “dormir tranquilas”, pues ante situaciones de catástrofes humanitarias como, por ejemplo, la crisis de refugiados actual, nos camuflamos en la idea de que nosotros “trabajamos por la paz en el mundo” sin llegar a realizar una acción real sobre ella.

Pero quedarnos en el símbolo no es suficiente. La bondad se expresa en la acción y es imposible que se manifieste únicamente con la imitación. El adulto continúa considerando aprendizaje a un ser humano que imita y hace lo que un adulto le dice que haga durante 18 o 20 años de proceso educativo; o llamamos educación al hecho de ser meros receptores de información, sin que nosotros, nuestra vida, nuestra persona, sea protagonista en ningún momento del proceso. Así nos va y, aun así, continuamos reproduciendo el modelo generación tras generación.

“Debemos prepararnos para un largo período que estará marcado por más preguntas que respuestas, y por más problemas que soluciones (…) Nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común”

Zygmunt Bauman

Por todo ello hoy, mañana, pasado y, muy probablemente el resto de nuestras vidas, sigamos “echándonos las manos a la cabeza” ante los gravísimos actos inhumanos provocados, curiosamente, por los seres humanos. A estos, les trae sin cuidado alguno lo que le pase a su prójimo, mientras sus necesidades personales estén cubiertas y “a salvo”. Siendo así, nuestras vidas están desequilibradas. La balanza tiene que estar equilibrada pues, si no es así, ese desequilibrio continuará creando más crueldad y miseria. En la sociedad en que vivimos, la sociedad que compartimos, no hay un “nosotros” y un “ellos”, pues somos todos uno. Esta ficticia fragmentación complica nuestras vidas, nos somete y nos condiciona.

Por todo ello, no confundas entusiasmo con pasión, no confundas maternidad y/o paternidad con responsabilidad, no es lo mismo. Puede que hoy estés muy entusiasmado con algo, pero puede también que mañana ya no lo estés. Pero la pasión no entiende de tiempos, no entiende de momentos. La pasión es lo que verdaderamente mueve el mundo. El mundo necesita gente que ame lo que hace.

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