El mundo en que vivimos se encuentra inmerso en un cambio radical de paradigma. Hoy, tú y yo tenemos la gran suerte a nivel evolutivo de poder estar siendo partícipes del nacimiento de una nueva cultura, de un nuevo pensamiento, de un nuevo paradigma. Hoy, el ser humano ha incorporado un avance tecnológico cuya implantación social ha resultado muchísimo más rápida que su implantación evolutiva. Es decir, no somos conscientes del momento que estamos viviendo; no somos consciente de lo que “llevamos entre manos”.

Propongo establecer un debate responsable, de adultos entre adultos, sin caer en la vaga e ineficaz expresión de que “cualquier tiempo pasado fue mucho mejor”. El tiempo es el que es, ni más ni menos, y un adulto responsable lo que tiene que hacer es asumirlo y buscar las mejores alternativas y soluciones posibles desde el punto de vista del bienestar del ser humano. Nos adentramos en el desconocido, polémico e increíble mundo de las nuevas tecnologías.

Afirma Catherine L’ecuyer, que los dispositivos móviles resultan altamente adictivos para el ser humano (no solamente hablamos de niños) porque lo introducen en un círculo de recompensa a través de la hormona de la dopamina. En adultos, esto ocurre por ejemplo con el uso de las redes sociales. Quizás estemos “más enganchados” de lo que pensamos. En el caso de los niños, un mal uso de los mismos afecta a sus mecanismos de atención que a la postre podríamos decir que es una de las principales causas de la crisis educativa actual.

El problema de esto, es que esa sensación de bienestar es muy placentera para nuestro cerebro y “lógicamente” lo placentero “nos satisface” y continuamente queremos encontrar esa sensación. Esto hace que cuando quieras quitarle el móvil o Tablet a tu hijo inmediatamente se produzca un rechazo absoluto y casi “agresivo” por su parte. Radicalmente le has quitado una sensación altamente placentera para su cerebro. Imagínate qué pasará si esta situación se va alargando en su vida…

¿Se puede dar marcha atrás? Sí es posible, y cuanto antes mejor. Para ello deberás dar alternativas altamente interesantes. La “adicción” que tiene tu hijo al dispositivo móvil apenas si es “sustituible” por otras sensaciones a no ser que estas alternativas que propongas sean lo suficientemente interesantes para que enganchen por completo a tu hijo. ¿Una pista? Ten en cuenta que tus hijos aprenden mejor por interacciones entre los seres humanos y la naturaleza mucho más que de visualizar una pantalla digital. Así que ¡sal de casa y disfrutad de la naturaleza!

No esperes a que llegue el día en que tu hijo haga “clack”. Toma medidas lo antes posible. Infórmate bien y lee respecto a ello. Sin quererlo (no me cabe la menor duda), estás introduciendo a tu hijo en el mundo de las adicciones, en este caso adicción comportamental, y el paso del tiempo va a hacer que no sea capaz de crear respuestas para este problema. En estos casos, y según estudios realizados, en apenas tres o cuatro años puedes haber generado una dependencia.

¿Cuándo es el mejor momento? La asociación pediátrica canadiense recomienda que cero horas antes de los dos años y menos de una hora al día para niños entre 2 y 5 años, evidentemente con contenidos aptos para esa franja de edad. Debes saber que ningún estudio apoya la introducción de la tecnología en la infancia. Estas que exponemos no son recomendaciones educativas, son recomendaciones de sanidad pública. Deja que tu hijo tenga cierta capacidad reflexiva antes de ofrecerle una “bomba de estímulos” con son los dispositivos móviles.

¿Y cómo lo hago? Pues valorando cuales son los momentos ideales. Creo evidente que podemos llegar a un acuerdo si decidimos prohibir su uso por ejemplo en las comidas, mientras se conversa con otras personas, o establecer momentos de “silencio”. Evidentemente, son recetas que el adulto debe ser el primero en cumplir. No es solo un trabajo de niños, es un trabajo de todos.

¿Es todo malo respecto a las nuevas tecnologías? Por supuesto que no. Se tiende a demonizar sobre este asunto, pues es tan relativamente “nuevo” que apenas si hemos podido organizarnos respecto a ello. Lo malo, lo perjudicial, es hacer un mal uso de las mismas, de ahí que no nos cansaremos de repetir que tú, como adulto, tienes o, mejor dicho, debes estar bien informado al respecto. Un buen uso de las mismas hace, por ejemplo, que se creen nuevas conexiones neuronales, que se mejore la memoria de trabajo, mejora en la atención, la coordinación motora… El momento actual requiere o se necesita más información preventiva respecto a este tema, pues todos podemos comprobar el uso exagerado que se hace en el día a día. Al igual que nunca dejarías a tu hijo de tres años solo para que cruzara solo la calle, sino que lo acompañarías, lo cogerías de la mano, le dirías que mire a un lado y a otro, y le enseñarías esta acción, el uso de los dispositivos electrónicos requiere de un acompañamiento similar por parte del adulto y de un control sobre los contenidos a los que el niño accede.

Te invito que indagues sobre el tema. A que visites y conozcas proyectos educativos que siguen “aplazando” hasta edades más avanzadas el uso de las nuevas tecnologías conocedores de que las necesidades de un niño de 2, 3 o 6 años son otras mucho más humanas que distan mucho de un mundo tan virtual y poco manipulativo. No es una “cuestión de ideas o principios”, es algo mucho más serio, por ejemplo, debes saber que no existe ningún estudio científico que apoye la introducción de las nuevas tecnologías en la infancia. El ser humano no ha evolucionado tanto en apenas diez años para que haya incorporado “la necesidad” de depender de un dispositivo electrónico. Conoce, investiga todo lo que puedas. Ten en cuenta que quien depende en gran medida de una sabia decisión por tu parte es nada más y nada menos que tu hijo/a o alumno/a.