Quien más quien menos, a lo largo de estos días está recibiendo cientos de actividades para hacer en casa con sus hijas e hijos. La escuela, al igual que la sociedad en genera,l sumida en un estado de shock por lo que está aconteciendo, intenta trasladar sus rutinas a casa, en esa tendencia que seguimos llevando como sociedad de “cuanto más mejor”, de necesitar tener cubiertas todas las horas del día, y es aquí donde personalmente tengo bastantes dudas de si es esta la medida a tomar que nos exige el momento. Progresivamente, nos hemos ido llenando de más y más cosas para hacer y, a la vez, nos hemos ido olvidando de aspectos tan importantes para el desarrollo humano como la quietud, el silencio o la observación. Por momentos, da la sensación como si el giro que como humanidad hicimos de “progreso a cualquier precio” hoy nos estuviera “pasando factura” y la actualidad nos estuviera volviendo a invitar a marcar un nuevo rumbo, pero este todavía está por ver como será.

Es evidente que se agradecen cuantas aportaciones se están haciendo, teniendo en cuenta que las hacemos siempre desde la intención de hacer más llevadera esta situación tan inusual como inesperada. Pero más bien temprano que tarde, esta situación nos va a invitar a llegar a lugares a los que quizás no hayamos viajado todavía ni como personas, ni como familias o sociedad en general. Todavía no estamos siendo conscientes de dónde estamos ni la invitación que la vida nos está haciendo. Detrás de todo esto hay una “rutina de vida” que hemos ido adquiriendo a lo largo de las últimas décadas; esas rutinas de “vida a toda prisa” que hemos llevado hasta el día de hoy, que apenas si nos han dejado tiempo para respirar, para mirarnos y sentirnos como seres humanos. Creo que, en una situación como la actual, esto tiene un calado que “no estamos queriendo ver ni mirar”, por muchas circunstancias, y ahora es algo a empezar a tener muy en cuenta.

Inmersos en esa huida e “hijos” que somos, como decía Zygmunt Bauman, de una sociedad líquida que ha creído que la vida era algo que los seres humanos “usamos” para trabajar y conseguir más y más cosas, hoy el universo ha dicho “basta” y nos ha invitado a parar, con un portazo en la cara que quizás nunca hubiéramos pensado, o quizás sí. En los próximos días, y fruto de la inercia anteriormente descrita, los seres humanos seguiremos “luchando” porque esto no sea así; seguiremos creyendo que, haciendo mucha fuerza, “viendo mucho las noticias” o quejándonos mucho, todo va a pasar más rápido, pero seguimos estando equivocados.

Son momentos de mucha incertidumbre para familias, escuelas, profesionales, etc, pero no por preocuparnos más las cosas van a cambiar antes. En este barco vamos todos, es lo que hay y como tal lo vamos a tener que tratar. La inercia adquirida que todos llevamos a día de hoy y en momentos como el actual, creo que nos va a servir de bien poco. El momento que nos está tocando vivir va a necesitar en los próximos días transmitir otro tipo de mensajes encaminados más bien a estar cerca del otro, a sentir conexión entre seres humanos, a estar presentes, a saber que estamos y existimos como unidad que somos, y esto requiere de un aprendizaje que hasta ahora quizás no tengamos como sociedad y que ahora nos veamos “obligados” a reinventarnos en un cortísimo período de tiempo para poder hacer frente a esta situación, más aún si cabe cuando esa conexión de la que hablamos va a tener que ser de manera virtual.

De mi experiencia en Montessori, cada vez tengo más claro que “lo material” es un recurso didáctico excelente, de tremenda importancia que hace que nuestro día a día en la escuela vertebre nuestras acciones y favorezca el desarrollo de los niños gracias a ese ambiente preparado. Pero siendo sincero, cada día que paso en la escuela siento que la balanza de mi labor como educador se inclina más hacia esos aspectos humanos que poco tienen que ver con lo material y mucho con mi ser y mi presencia. El material es un recurso, pero mi presencia es acompañamiento aquí y ahora. Tenemos que ubicarnos en momentos como el actual y “saber ver y mirar” el trabajo que hacemos a diario en nuestras escuelas, y este trabajo va muy encaminado día tras día a fomentar la independencia del niño; es algo que hacemos a diario, un pilar fundamental en nuestro día a día; algo que en una situación como la actual puede ser, en su debida medida, un bálsamo de oxígeno para muchas familias. Ahora es un buen momento para ser conscientes de todo el poder que tiene esto y el verdadero sentido que tiene trabajar a diario y de una menara real y vivencial por competencias. Es momento de valorar más si cabe la importancia que el área de Vida Práctica tiene en el desarrollo de un niño en cada uno de los días que pasamos en la escuela. Debemos recordar ahora más que nunca que uno de nuestros principales objetivos como guías es la de ayudar al niño a ayudarse a sí mismo.

En momentos como el actual, quizás sea este también el mensaje que tengamos que saber transmitir a las familias, intentando establecer rutinas y estando cerca de ellas para transmitirles que sus hijas e hijos, en su día a día en la escuela aprenden a gestionar su tiempo dentro de un ambiente preparado. Es evidente que una casa no está preparada como una escuela, tampoco es su función. Quizás nuestra aportación como educadores no pase tanto en estos momentos por lanzar baterías y baterías de actividades a las familias, que parece ser una tónica común, sino más bien por saber organizar y trasladar lo que a diario hacemos en la escuela, sabiendo estar cerca, acompañando el momento y alentándolos en que sus hijas e hijos pueden hacer más cosas de las que imaginan y que para que eso sea posible necesitamos nosotros como adultos estar presentes gestionando estos momentos.

Somos hijos de una escuela y una sociedad, la vivida por nosotros en nuestra niñez, que ha diferenciado entre escuela y casa; entre escuela y sociedad. La sociedad quiere seguir pensando que a la escuela se va a aprender lenguaje o matemáticas, pero es precisamente aquí donde las escuelas Montessori tenemos algo más que aportar, pues nuestros ambientes preparados son como “microsistemas” donde el niño aprende competencias que le van a servir en su día a día, y es aquí donde debemos incidir en momentos y en circunstancias como las actuales. Es una evidencia que, en casos como el que hoy nos ocupa, esa transformación del adulto a la que tanto se refiere la Dra. Montessori a lo largo de toda su obra, cobra aquí un papel especial y fundamental, pues por muchas miles de actividades que el adulto tenga a su disposición, ninguna de ellas podrá llevarse a cabo si detrás no hay una labor guiada del adulto, y es aquí donde los adultos tendremos que ser conscientes no tanto por tener que hacerlo bien, sino ser conscientes que estamos mirándonos y descubriendo aspectos de nosotros mismos muy desconocidos hasta la fecha. Es aquí donde “tomar aire”, respirar o sencillamente pedir ayuda nos va a facilitar mucho este acompañamiento. Ten presente que nosotros también vamos a necesitar ayuda, que no somos ningún superhéroe o superheroína que puede con todo.

Me despido con una cita de Charles Dickens, recordando el primer párrafo del libro ‘Historia de dos ciudades’ (1859), que podemos leer y nos invita a la reflexión de que no se trata tanto de lamentarnos por el momento que nos haya tocado vivir sino más bien se trata de como seamos capaces de acompañarlo:

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada”

 

¡Ánimo y abrazos!