Relájate. Por mucho que insistas tu hijo no va a ser quien tú quieras que sea.

En África, en Asia, en América, en Europa o en Oceanía, nacen seres humanos reglados por patrones biológicos regidos de forma natural, fruto de un proceso continuado de millones de años de evolución.

En África, en Asia, en América, en Europa o en Oceanía, es el propio ser humano el que priva a su prójimo de poder desarrollarse según las leyes que la naturaleza ha dictado sobre él. Lo que la naturaleza ha creado, el hombre lo condiciona.

Vivimos en una sociedad dividida del hombre contra el hombre. Curiosamente, es el ser humano el animal que más priva de libertad a su propia especie. Vimos en una sociedad en la que, desde el minuto cero, el ser humano condiciona al ser humano, direccionándolo incluso en cual debe ser su necesidad espiritual, como si la elección de un Dios no fuera lo suficientemente importante para un individuo como que para otra persona tenga que hacer esta elección por ti. Tu vida espiritual está llena de emociones y autoconocimiento, y ese proceso es intransferible. Nada ni nadie lo puede hacer mejor que tú mismo.

El paso de la historia ha dejado tras de sí un reguero de divisiones del hombre contra el hombre. Los condicionamientos que desde que nacemos nos son implantados, sin permiso alguno, han hecho que el hombre se considere como un individuo separado de los demás, cuando psicológicamente un ser humano es inseparable del total de la humanidad. Tenemos que entender esto. Para ello es necesario realizar un trabajo personal donde nuestros egos vayan quedándose en el camino, donde cada día que pase seamos capaces de ir abandonando esa pesada mochila cargada de egos fruto, entre otras cosas, de la educación recibida. Tu hijo es un ser humano único e irrepetible, no hay otro como él. Por eso, relájate, aprende de él, de sus intereses, acompáñalo en la vida, disfruta de su vida, y disfrutarás de tu vida.

“Tocar al niño es tocar el punto más sensible de un todo que tiene sus raices en el pasado más remoto y se dirige hacia el infinito del porvenir. Tocar al niño, es tocar al punto más delicado y vital donde todo puede decidirse y renovarse, donde todo está lleno de vida, donde se hallan encerrados los secretos del alma, porque allí se elabora la educación del hombre”

María Montessori

Vivimos en una sociedad que llama educación al simple y vano trasvase de conocimientos de un ser humano a otro, sin que por el camino exista el más mínimo conato de desarrollo personal del individuo al que llamamos alumno, ni del individuo al que llamamos maestro. Nuestro sistema educativo confunde inteligencia con capacidad intelectual, intelecto con pensamiento, y desarrollo psicológico con un individuo cargado de conocimientos, cargado de condicionamientos. Una educación desequilibrada, únicamente puede producir individuos y sociedades desequilibradas.

Seguramente que vives en un entorno en el que se considera “niño listo” al que mejores notas saca y “niño tonto” al que peores notas obtiene. Es una actitud antinatural que hemos adoptado como natural. No te engañes. Por mucho que te lo sigas creyendo, sabes que eso no es así. Dime en qué base te sustentas para explicar que ese “niño listo” ha sido capaz de interiorizar y sacar provecho a un conocimiento, si el único instrumento que hemos utilizado para saberlo ha sido un papel en blanco en el cual ha vomitado un texto memorizado unas horas antes. Memorización que, en ningún momento, el alumno hace considerando este proceso como aprendizaje, sino que lo hace con base en el miedo, el miedo a no aprobar y a no ser considerado “inteligente”. Así, tal cual. A esto no se le llama aprendizaje.

No sabemos ni quienes somos. Somos seres humanos condicionados actuando bajo guiones preestablecidos sin tener conciencia plena de por qué lo hacemos. La etapa infantil es la más importante para un ser humano y, curiosamente, es la etapa en la que el adulto se apresura por trasvasar todos sus condicionamientos a un niño al que ni siquiera lo hemos dejado “presentarse al nuevo mundo”.

Necesitamos dejar al ser humano ser un ser humano. ¿Es esto posible? ¿Es posible vivir en esta sociedad sin ser condicionados? Intelecto sin inteligencia es destructivo. Ir a la escuela con el único objetivo de sacar buenas notas es perder el tiempo, perder tu tiempo, es perderte la vida, tu vida. Porque no vives solamente de conocimientos. El pensamiento y el conocimiento son importantes en nuestro día a día, pero tu desarrollo psicológico también. Lo que uno es por dentro acabará generando o bien una buena sociedad, o bien el deterioro progresivo de la raza humana.

La inteligencia es la acción de entender alguna cosa con el pensamiento. Capacidad de aprender, comprender, resolver situaciones nuevas. La inteligencia es la facultad de conocer. En los adultos, el 70% de nuestra inteligencia “nos viene de fábrica”, es decir, la traemos con nosotros nada más nacer, por lo tanto, hay un 30% donde podemos actuar. Este 70% genético lo compartimos entre todos, algunos un poco más o menos. Por lo tanto, todos somos capaces de estudiar, de trabajar, de hacer cosas en la vida. ¿Dónde está la diferencia? En aprovechar ese 30%.

A los adultos nos cuesta mucho dejar a la vida que se desarrolle de manera natural. En gran parte, esto es debido a que con nosotros han hecho lo mismo y ahora reproducimos el modelo a sabiendas que es realmente perjudicial para los niños. Vas a ser mucho más feliz si dejas a tu hijo el tiempo suficiente para que te muestre quien es realmente. Tu hijo no va a ser quien tú quieras que sea, porque tu hijo ya es alguien y es sumamente importante que respetes este regalo que la naturaleza y la vida te ha dado.

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